"Me sobra Esperanza..."

Un madrileño cualquiera.

martes 18 de noviembre de 2008

Me voy a inventar otra historia de violencia

Un día cualquiera, es el decimocuarto cumpleaños de X. Bajo su prisma adolescente, cualquier otro X no querría compartir demasiado tiempo con su familia, ya que está pasando por esa edad en la que quizás sus amigos le aporten esa comprensión que no recibe en casa. Pero éste no es el caso. X se queda en casa toda la noche, no sale. Observa la cara de preocupación de su tía mientras habla de la detención de su hijo, Z, de 23 años, primo hermano de X. Entre lágrimas de rabia, la tía golpea la mesa mientras la madre de X la aprieta contra su pecho para paliar su pesar.
X, sin saber muy bien el porqué, empieza a odiar algo que nunca le ha hecho mal pero que sabe que debe odiarlo con todo su corazón. Se siente muy unido a su familia, la admira. Su familia es como un clan, es un grupo muy respetado al que todo el mundo conoce pero del que nadie habla, su familia camina por el pueblo con la cabeza bien alta y una mirada amenazante. Es un familia unida.
X es consciente de que nunca se va a plantear si su familia está o no equivocada, lo único que va a ser capaz de plantearse es el nivel de exigencia personal con la que va a responder al perfil familiar. X decide que será el máximo nivel.

Un par de años después, X está cercano a acabar el instituto. Bromea con sus 3 inseparables amigos sobre el futuro que les depara. Los tres amigos de X saben que él es un líder nato y que tiene los cojones más grandes que los demás o quién sabe, quizás es más cobarde que todos ellos porque se sabe respaldado por su familia, la de la mirada amenazante.
X decide, uno de esos días, colocar otro mensaje reivindicativo en la pizarra. Nadie lo borra y la profesora, esa bilbaína exiliada desde hace 14 años del barrio de Neguri, hace caso omiso de la ofensiva frase escrita en el encerado, no quiere más problemas.

X ya está en la universidad, vive fuera de su pequeño pueblo, ha decidido estudiar educación física. Está casi hecho un hombre y cree que ha llegado el momento. Sin todavía un verdadero motivo para sentir odio hacia un determinado colectivo, X decide cruzar la línea que separa una actitud extrema, de la inmoralidad de un comportamiento. Es fin de semana, X pasa aquel par de días de asueto en casa de sus padres. Es la fiebre del sábado noche, X llega corriendo a casa, casi sin aliento, las manos le apestan a gasolina..., X ha lanzado su primer cóctel molotov contra un cajero de un banco del estado español. Su madre, conocedora de las actividades de X, le reprime. Le reprime no por enfado sino por miedo. Conoce, como todas las madres, a la perfección a su joven hijo y sabe que hace más de 5 años, X, se marcó aquel objetivo con respecto a su nivel de compromiso. Ella está asustada pero por dentro siente un profundo orgullo.

X apenas siente ya interés por lo que estudia y poco a poco empiezan a ser habituales las carreras los fines de semana. Alguna noche, después de la universidad se reune con un grupo de los suyos, de los que van proponiendo cosas para dar rienda suelta a ese odio al estado español. Es un odio que viene de alguna parte que no conocen muy bien, de alguna prima torturada en un interrogatorio, de aquellos años de represión del abuelo, de aquel porrazo de un guardia civil, quizás de aquellas cenas familiares. Es un odio sin canalizar que se expande de manera isotrópica alrededor de X y que se alimenta de las palabras de sus compañeros, al igual que él da de comer a los demás con las suyas. Así es el fascismo, uno no puede practicarlo nunca en soledad.

X lo tiene claro, no es un psicópata ni un loco cualquiera, pero hará lo que sea por cambiar de estrategia y romper la tregua traidora con el estado español. X empieza a matar. La mejor manera de matar es ordenar una muerte, es una manera sutil, sólo permitida a los más aptos, a los que tienen un verdadero carácter. Es una manera que sólo requiere un instrumento, la voz. Puede ser ejecutada a cualquier hora, por la mañana mientras desayuna, después de hacer el amor, o incluso a continuación de un buen cepillado dental. Paradójicamente, X siempre quiere tener un aliento fresco y limpio antes de ordenar un asesinato. X es incluso capaz de enamorarse, se hace acompañar de Y allá donde vaya.

X apenas habla ya con su familia, sólo unas cuantas cartas furtivas, algunos mails en clave y varias llamadas telefónicas en días contados. Algunas noches, cuando X no puede dormir piensa en el día de su decimocuarto cumpleaños en el que decidió marcarse aquel objetivo. Ahora podría decirse que lo ha cumplido, se siente como el consejero delegado de una empresa o mejor, como un importante científico respetado y admirado por todos sus colegas de profesión. Son las 3 y pico de la mañana, X está punto de conciliar el sueño, está abrazado a Y, la quiere y daría su vida por ella. X sabe que su propia vida es mucho más valiosa para la causa que la de Y, pero le reconforta ese sentimiento de ser capaz de guardar su ego por amor, X se considera un hombre muy sensible, la besa en la frente para celebrarlo. La cama es un poco más cómoda que la anterior, y es que este apartamento francés tiene buen estilo..., no lo cambiaría jamás por la celda de una prisión.

*******Aprovecho la ocasión para advertir que cualquier parecido con la realidad será pura casualidad. En cualquier caso me gustaría que algún día todo el terror tuviera la misma difusión. Los asesinatos, palizas y demás agresiones a ciudadanos por parte de nazis y fascistas que caminan a sus anchas por las calles de Madrid también son formas de terrorismo*********

La sombra del volcán


Esto podría ser el título de un libro o de una película, o mejor incluso, podría ser una metáfora..., pues no, la sombra del volcán existe. Se puede ver a las 7 de la mañana a 5.900 m.s.n.m., muy cerca de la cima del Volcán Cotopaxi, Ecuador. Una imagen inolvidable.

Después de los Rayos


Después de los Rayos estoy en Mendoza, mañana estaré en Santiago de Chile y el jueves en Madrid. Pasaré una buena temporada en España..., unos tres días. Tendré tiempo de deshacer y volver a hacer el equipaje, incluso si no me volviera a ir lo haría de todas formas porque le estoy cogiendo vicio.:)).

Han sido unos últimos días muy intensos en el Observatorio. Comidas, cenas, conferencias, agradecimientos, bastante trabajo y por fin la esperada inauguración oficial.

¿Y qué hago yo en medio de todos estos físicos?, ¿qué hago yo trabajando hasta las 4 de la mañana?, pues a ratitos disfrutar con lo que hago, a ratos preguntarme por qué la ciencia ya no es como en el siglo XVIII, y durante todo ese tiempo y el resto que no he citado, aprender. Aprender para que dentro de unos pocos meses, cuando me alguien del gremio me pregunte en que estamos trabajando ahora, no sepa si pasé por la facultad de físicas o por la escuela de ingeniería. Por suerte y por desgracia, como la ciencia no es como en el siglo XVIII, los niveles de especialización son tal altos que sólo se aprende lo que se hace cuando se está haciendo, y más que una preparación previa se necesita una predisposición y un poco de tronamiento para volverse físico de repente!!.

A pesar de todo ahí está mi foto con James Cronin, premio Nobel en el año 1980. Un premio Nobel en físicas con un novel en física sin premio....

Y lo peor está por venir..., por que el día 3 de diciembre hará 2 meses y 16 días que me metí en las astropartículas, como regalo tengo que hablar durante 10 minutos a toda una sala llena de físicos, en el Istituto Nazionale di Fisica Nucleare, en Turín, sobre la luz de fluorescencia, ahí va eso!!!. Además, he podido comprobar durante las conferencias en el Observatorio que no hay ningún inconveniente en machacar a preguntas a cualquier osado que haya alterado consciente o inconscientemente un punto en algún muestreo de datos o experimento, si algo no encaja estás muerto chaval!!.

La agresividad en el campo de batalla no tiene nada que ver con el trato personal de los físicos. Gente la mar de agradable en general, mucho más sociales de lo que uno esperaría a priori, eso sí, gente de todas las formas tamaños y colores, algunos muy muy capaces. Diferentes a los ingenieros, aunque los investigadores o mejor dicho los jóvenes investigadores, sea de la rama que sea, son personas acostumbradas a sufrir, a trabajar muy duro y a cobrar muy poco, es decir, masoquistas. Todo sea por la ciencia del siglo XXI, la ciencia de la burocracia.

Me voy a dormir ya, que mañana madrugo y se me está empezando a poner cara de Apple. Mañana empezaré a comprarme ropa de friki, de hecho ya he empezado, he pagado 35 pesos por una camiseta con el logotipo del Observatorio Pierre Auger.